Una vez más la Bodeguita de Nicanor nos unió en una sola pasión: el punk rock. Esta vez fue la ocasión de Luciano Scaglione, bajista y vocalista de la mítica banda de punk rock argentino Attaque 77, la cual actualmente se encuentra inactiva. Por la misma razón y cito las palabras que Luciano mismo nos dijo con ansias: «ya me estaba aburriendo y decidí salir a rockear con los chicos».
Tomando parte del repertorio clásico de esta banda y algunos nuevos lanzamientos de su proyecto en solitario, nos hizo sumergirnos en el más puro punk rock latinoamericano.
A eso de las 22:30, después de una larga espera que los fanáticos no desaprovecharon para poder cargar combustible en la barra del recinto. Se apagan las luces y comienzan a distinguirse los acordes de poder que a kilómetros de distancia uno podría reconocer y como los pegotes, decir: «tienes punk rock».
Iniciando con el clásico «ángeles caídos» se abre el show y también así el mosh, como en un buen espectáculo donde reina la discordia, desenfreno, envueltos en una energía que desprendía de sus corazones en armonía con esos ritmos rápidos, el público presenta su rol dentro de este concierto.
Lucho, no tardó en percatarse de este gran detalle y mientras avanzaba el show, creaba un lazo aún mayor, conversando con el público como si de ir a tomar una cerveza y hablar de la vida con un amigo se tratara. Esto ayudó a que en ningún momento hubieran silencios incómodos, incluso en situaciones de problemas técnicos o de errores en los músicos, reinó la serenidad.
Demostrándonos que no estábamos enfrentándonos a un músico cualquiera, sino a años de travesía y madurez en este mundo de la música.
Creando situaciones propicias para tirar la talla y molestar a uno de sus compañeros músicos, Enzo. Guitarrista al cual utilizó como medio para presentarnos el cover a los auténticos decadentes: «el jorobadito». Canción que por su contenido «representaba» al guitarrista en cuestión.
Toda esta energía bilateral, entre el público y el artista, fue una sensación de dar y recibir. Luciano y sus compañeros, nos entregaban esas letras agrias de política, corrupción y desamores con una energía y empatía tremenda. Mientras que nosotros en agradecimiento por años de música, coreábamos cada una de las canciones y dejábamos que el fanatismo, que claramente trascendió generaciones, contando con asistentes de todas las edades, nos saliera hasta por los poros.
Hasta que en un momento Lucho nos cuenta la historia de sus compañeros tratándolo de “boludo o pelotudo” debido a una razón: Arrancacorazones.
Personalmente hablando, esta canción tiene un cariño especial, debido a que es una canción que formaba parte de mi playlist diaria en la adolescencia, siempre con la perspectiva de “balada de rock”. Pero en esta ocasión le dieron un vuelco a la canción, interpretando con mucha más fuerza y a la velocidad del punk, este clásico para los despechados.
Después de una larga jornada de casi 1 hora y 30 minutos traducido en un setlist de 21 canciones. El show llega a su fin, con Luciano sincerándose y contándonos todo lo que su corazón siente respecto al pueblo chileno, todo el cariño, pasión que este le ha entregado durante sus largos años de carrera y cómo la historia nos ha envuelto en situaciones similares, como lo son las dictaduras, pudiendo empatizar mutuamente entre ciudadanos de un mismo continente.
Pero esto, sólo contribuyó a que el público no quisiera aceptar que debíamos regresar a la realidad y después de exigir a gritos una última canción. Luciano comienza a cantar el clásico de la grandiosa cantante de cumbia argentina “Gilda” que hace unos años fue transformado al potente sonido del punk a manos de esta legendaria banda de nuestro país vecino.
No me arrepiento de este amor, fue el tema escogido para culminar con esta reunión entre risas y recuerdos de amigos en un bar. Como si Lucho nos estuviera atendiendo en su “Strummer Bar” y saciándonos con el brebaje musical de todos los sabores y años.
Por: jvr.osonod