Por: Lukas Arias

Fotos: Francisco Rocco


Los australianos entregaron un espectáculo memorable en la mítica Blondie, en su segundo concierto en Chile desde su debut en 2017 en el mismo recinto.

A pesar de la baja convocatoria en el recinto, esta destacada banda del metalcore australiano merecía una audiencia mayor, aunque los presentes la noche anterior hicieron todo lo posible para disfrutar al máximo de un show que se extendió por 60 minutos.

La expectativa era palpable cuando «Don’t Stop Believin'» de Journey inició el calentamiento para lo que sería un show inolvidable de los oceánicos. Al comenzar con la poderosa «Pittsburgh», los saltos y las voces coreando cada verso resonaron en todo el recinto, marcando el inicio de una experiencia impresionante. Clásicos como «Drag the Lake» y «Don’t Lean on Me» no solo hicieron saltar a la multitud, sino que desataron una ola de euforia y agresividad en el moshpit, con patadas karatekas que añadieron una pincelada única al espacio.

Joel Birch, el cantante, no solo demostró su voz potente y dominio del escenario, sino que también interactuó cercanamente con el público, acercándose a los amplificadores de sonido y a la barrera que separa el público con el escenario, compartiendo momentos con los fanáticos en primera fila. La emoción era palpable entre los asistentes, con caras sonrientes, lágrimas y una expectación constante durante todo el espectáculo.

Foto: Francisco Rocco

Emoción. No hay mejor palabra para describir lo vivido anoche. Las letras de The Amity Affliction no solo exploran la búsqueda de sentido en la vida, sino que también abordan la lucha, la pérdida y la vulnerabilidad, sentimientos con los que muchos nos identificamos en nuestro día a día. Sus canciones conectan profundamente con el público, evocando recuerdos de experiencias o personas significativas. A lo largo del show, vi rostros iluminados por sonrisas, ojos llenos de lágrimas y una expectación palpable en cada rincón del recinto.

Foto: Francisco Rocco
Foto: Francisco Rocco

La banda brilló con una puesta en escena impecable, destacando el dominio escénico de cada uno de sus músicos. La primera parte del show culminó con una versión corta de «Give It All», permitiendo un breve descanso antes de regresar al escenario para el encore. El cierre llegó con «Soak Me in Bleach», uno de los himnos de la banda, que fue coreado a todo pulmón por el público.

Foto: Francisco Rocco

Uno de los momentos más electrizantes de la noche ocurrió casi al final de esta canción, cuando Joel pidió a los asistentes que se agacharan para luego saltar todos juntos en el clímax del tema, desatando el caos y la euforia en la Discotheque Blondie. Así, la banda se despidió de manera triunfante ante las aproximadamente 500 personas que presenciaron este memorable espectáculo en la capital.

Aunque la asistencia no fue masiva, la energía que se vivió en el recinto hizo que se sintiera todo lo contrario. Cada verso cantado a todo pulmón, la entrega del público y la conexión de la banda sobre el escenario transformaron la noche en un espectáculo épico. La atmósfera estuvo cargada de intensidad, emoción y una mezcla de agresividad y euforia, con saltos, mosh y miradas llenas de sentimiento, dejando en claro que fue un show inolvidable.

Foto: Francisco Rocco

Produce: Atenea

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